Hace algunos días que lo noto con más frecuencia: cada vez menos gente sonríe. y es un hecho para mí, el decir que contagiamos a nuestros niños y a nuestras personas felices, con nuestra seriedad y mal humor.
Basta con que salgamos de nuestras casas de mal humor, que me caí de la cama, que me duele la cabeza, que hay mucho ruido a mi alrededor, que me peleé con alguien, que le grité al perro, y qué se yo cuántas otras cosas que bastan para que, una vez en la calle, hagamos a los demás infelices con nuestras miradas asesinas. ¿Algunas vez se preguntaron cuánto bajamos la autoestima de los demás al mirarlos de forma reprobatoria, y hacerlos sentir mal? Creo que no. Está en nuestras manos decidir si queremos tener un buen día o no, y por eso es importante dar a los demás lo que nos gusta que nos den: una sonrisa.
Recuerdo que leí en alguna parte que deberíamos intentar andar con una sonrisa todo el día, de esa forma veríamos lo divertido que es ir por ahí desentonando con todo el mundo. Y lo intenté muchas veces, hasta ahora lo hago, y es verdad, la gente piensa que una está loca por sonreír de vez en cuando, y si sonríes todo el día, ya eres de la gente del manicomnio, o peor: me han hecho a un lado por sonreír demasiado, como si fuera una enfermedad contagiosa y maligna.
De hecho, eso es, una enfermedad que debemos procurar contagiar a todo el mundo, sonriendo alegraremos especialmente a los niños y a los que tienen corazones de niños.
Seamos felices hoy, no esperemos a mañana para intentar encontrar la felicidad, porque está en nuestros corazones hoy, sin importar lo mal que nos vaya: dejemos nuestros problemas a un lado, y ¡a sonreír!
Felicidades, Karin!
ResponderEliminarDónde has publicado estos pensamientos antes? Ya los había leído...
Qué te vaya bien!!
Gisela.
Que lindo pensamiento Karin! No te rindas!
ResponderEliminarLa sonrisa es la luz del alma expresando cercanía.
Riaz