Entonces se crea un problema grande: ¿Qué hacer para demostrar estos conceptos sin que sean malentendidos? porque de ahí que nacen tantas guerras y problemas. De los malentendidos, precisamente.
He aquí que viajamos a la raíz del entendimiento de nuestros conceptos: nuestra educación. Nuestros padres, maestros y amigos nos educan todos los días para entender una cierta cultura, que ya tiene preceptos de lo que es hermoso y lo que no, por lo que siempre va a ser más fácil relacionarnos con alguien de nuestra propia cultura que con alguien externo. Nos van a gustar cosas parecidas, vamos a hablar de la misma forma, y a lo mejor hasta se puede volver aburrido que nos entiendan tan bien...
Y aquí nace otra cosa muy interesante: si todos tenemos un lenguaje similar, al menos a la hora de interpretar nuestros sentimientos, nos será muchísimo mas fácil relacionarnos, entendernos, y dejar de crear conflictos. Este lenguaje viene del alma, y es un lenguaje que sabemos que está allí, los sentimos, pero no podemos definirlo. Está en la esencia misma del ser humano, y es mucho más fácil sentirlo con una sonrisa, con una mirada cargada de dulzura, o con un "te quiero". Las cosas que son bonitas para todos, eso sí, son las caricias, las sonrisas, un 'te amo', una mirada dulce de nuestros padres, los ojos de un niño pequeño, y tantos otros.
A lo mejor no nos hemos detenido a ver que la persona que vive en la casa de al lado nos saluda con dulzura, o que hay un gatito medio muerto de hambre que se para en nuestras puertas todos los martes a las nueve y cuarto a maullar por si acaso nos sentimos generosos.
Dar afecto, dedicar tiempo a las personas que nos rodean, siempre hace nuestra vida mas llevadera, más hermosa, e incluso divertida.
¡Adiós al estrés! Adiós al 'no tengo tiempo hoy, jugamos mañana'. Los apurados ganan muchos minutos, pero se les acaban más rápido los días. Y luego, los años pasan sin haber amado. Sin habernos comunicado con nuestro mágico lenguaje del que nos dota el corazón todos los días.